
Este viernes desbordé de emociones mi alma. El regreso de Fernando González, sus abrazos a la familia, el encuentro con Raúl y los apretones de manos a René, cargaron de alegrías el corazón cubano.
Fueron duros quince años de espera, de impaciencia ante las demandas judiciales infructuosas, consolidando grupos de apoyo aquí y allá, cantando como lo harán este sábado en la escalinata decenas de interpresa, inspirados en la fuerza solidaria surgida desde el ejemplo de los cinco.
Este viernes, lo confieso, saltaron lágrimas. Fue un encuentro esperado por todos. La distancia de aquel “volverán” esperanzador, saltado desde el optimismo de Fidel...