En ocasión de la jornada literaria José Juan Arrom, celebrada desde hace cinco años en Mayarí, le propongo unas miradas a uno de los temas abordados con pasión por este incansable investigador.
Magistral. Lo que me llama la atención es cómo este hombre, a pesar de que viajó mucho y conoció los mundos y fue profesor en Yale y disfrutó de reconocimiento y fama (respiro) no pierde el habla, el acento cubano. ¿Es curioso? Porque conozco de amigos y conocidos que llevan dos meses en España y hablan como Isabel la católica; que visitan Méjico y se confunden con Pancho Villa; viven en Francia y ni Napoleón le pone pie delante. Arron es excepcional mayaricero, debemos imitarle y servirle asimilando su memoria y continuando lo que él inició. Si no fuera por mi vagancia en los primeros tiempos al llegar a Miami, lo hubiera conocido en vida. Cuando traté de acercarme había muerto y no obstante su hija me atendió y me regaló el libro que mandé para Anel en donde el lingüista habla de Mayarí.
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Magistral. Lo que me llama la atención es cómo este hombre, a pesar de que viajó mucho y conoció los mundos y fue profesor en Yale y disfrutó de reconocimiento y fama (respiro) no pierde el habla, el acento cubano. ¿Es curioso? Porque conozco de amigos y conocidos que llevan dos meses en España y hablan como Isabel la católica; que visitan Méjico y se confunden con Pancho Villa; viven en Francia y ni Napoleón le pone pie delante. Arron es excepcional mayaricero, debemos imitarle y servirle asimilando su memoria y continuando lo que él inició. Si no fuera por mi vagancia en los primeros tiempos al llegar a Miami, lo hubiera conocido en vida. Cuando traté de acercarme había muerto y no obstante su hija me atendió y me regaló el libro que mandé para Anel en donde el lingüista habla de Mayarí.
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